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La Sonatonga del maestro Valera, donde se encuentran la música y la vida

El Maestro Roberto Valera, Premio Nacional de la Música, es un hombre sencillo como suelen ser los verdaderos genios. Eso sí, habla con autoridad y pasión sobre su tema predilecto: la música.

Presentar el vídeoclip de su Sonatonga fue el pretexto que lo llevó hasta la más reciente edición del Coloquio Dale Mambo, de Habana Mambo Festival, pero una vez que tuvo la palabra, comenzó, sin protocolos, toda una lección de vida y creación:

«Oigo muchas veces que dicen: yo fui al conservatorio a estudiar música clásica. No, señor: usted no fue a estudiar música clásica, usted fue a estudiar música. Ahora, que usted tiene que estudiar a Bach para saber qué cosa es la polifonía, sí, lo tiene que estudiar. Y a Chopin para saber qué es cantar en el piano, un instrumento que no canta, porque son notas separadas; tiene que tocar a Chopin. Que después usted pueda aplicar a su música sus vivencias, lo que trajo del mundo, eso es lo importante», afirmó.

«A veces temo que en la enseñanza podamos matar la gallina de los huevos de oro y, si tenemos grandes maestros actualmente, es porque hemos sabido combinar el conocimiento histórico de la música clásica con el conocimiento de la música popular. Lo importante es propiciar la práctica musical: el que tenga vocación para el punto cubano, que coja el tres y toque punto cubano; el que tiene vocación para el jazz, que toque jazz; o sea, dar la oportunidad de la praxis, porque eso es lo importante en la música popular», agregó el destacado compositor y pedagogo cubano.

Y precisamente en esa simbiosis de academia y vivencias, se reconoce Roberto Valera:

«Cuando yo estoy entre músicos clásicos, me dicen: tú estás muy influido por la música popular, y cuando estoy entre los músicos populares, empiezan a decir: no, pero tú eres culto... No saben que si yo les hago la historia de mi vida, toda mi argumentación de negro fino se me va a caer. Yo he hecho de todo: música electroacústica, música para cine, música para la enseñanza... porque lo único que no me ha gustado nunca es aburrirme, entonces para no aburrirme hago de todo. El mismo año que compuse Iré a Santiago, que es un son para coro, escribí Conjuro, que es una obra vanguardista; o sea, siempre he hecho muchas cosas diferentes».

Y por esos caminos diversos de creación llegó Sonatonga, que «quiere decir sonata conga; cogí las dos palabras —como cuando yo estudiaba alemán, que ellos unen dos palabras y forman una nueva—, entonces salió sonatonga, porque es una conga en forma de sonata.

«¿Qué tiene que ver la conga conmigo? Que desde niño estoy enredado con la conga, porque por mi barrio ensayaba la conga de Los Marajá de la India, entonces yo organizaba congas con los amiguitos de mi barrio. Los tambores los hacíamos con unos tambuches redondos que yo no sé de dónde los sacábamos. Después se me metió en la cabeza que si los ejércitos cubanos marcharan a paso de conga, serían invencibles, porque la conga es lo único en Cuba que hace que todo el mundo avance al mismo ritmo».

Hasta una marcha en tiempo de conga propuso en algún momento y, de hecho, las bandas militares se encuentran entre los homenajes que se propone el audiovisual que acompaña a la pieza del maestro Valera, donde también se rinde tributo al cine, específicamente con la película Fantasía; es la razón por la que aparecen cubiertos con capuchas los músicos de la Sinfónica Nacional que participan en el tema. El video fue filmado en el Teatro Nacional de Cuba y realizado por Almar Producciones.

Roberto Valera nunca ha celebrado «eso que dice la gente: "tantos años de vida artística", ¿saben por qué? Porque yo no sé cuándo comienza mi vida artística. Yo soy de Pueblo Nuevo, muy cerca del barrio La Victoria, y nunca he sabido, porque una de mis primeras actividades artísticas fue bailar rumbas en el Palacio de los diecistas, que era un teatrico que había por mi casa», recordó este hombre que nació con la música en el alma.

Cubasi

Roberto Tomás Valera Chamizo


profesor, director, música, artes, composición

Realizó sus estudios musicales en el Conservatorio Amadeo Roldán de La Habana bajo la orientación de Leo Brouwer, José Ardévol y Edgardo Martín. Graduado de Doctor en Pedagogía en la Universidad de La Habana. Posteriormente realizó estudios de post-grado de Composición Musical y Dirección de Orquesta en la Escuela Federico Chopin, de Varsovia, bajo la dirección de los profesores compositores Witold Rudzinski y Andrzej Dobrowolski y el director de orquesta Henryk Czyz.