María
Álvarez
Ríos

María Álvarez Ríos
Nacimiento:  
5
/
6
/
1919
Fallecimiento:  
6
/
12
/
2010

María Alvarez Ríos comenzó a componer desde que tenía cinco años. Estudió piano con Luisa Chartrand y composición con Enrique Bellver. Realizó sus estudios primarios en la ciudad de Sancti Spíritus y los secundarios y universitarios en La Habana y en la Universidad de Michigan, Estados Unidos. Se graduó con títulos de enseñanza para kindergarten, música en la Universidad José Martí, y composición del Instituto Superior de Arte de La Habana. Entre sus profesores se encuentran Harold Gramatges, Roberto Valera, José Loyola, y Alfredo Diez Nieto.

Alvarez Ríos ha escrito un amplio repertorio de canciones para estudios de primaria y secundaria para el Ministerio de Educación de Cuba. Dirigió el estreno de veintiocho obras para la celebración del Año del Centenario del Danzón (un siglo de Danzón) y compuso música para un ballet sobre El Principito de Saint-Exupéry.

Además de haber dedicado gran parte de su vida a la música, también ha colaborado en diferentes publicaciones. Es autora de obras de teatro con las que ha obtenido importantes premios. También ha creado y dirigido grupos musicales infantiles, y se desempeñó como profesora de música. Además, se ha dedicado a cultivar la poesía y ha realizado las funciones como traductora de obras dramáticas, óperas, operetas y canciones.

Como compositora e intérprete, se ha presentado en teatros y programas infantiles televisivos. Ha musicalizado poemas de José Martí, Nicolás Guillén, Félix Pita Rodríguez y Gabriela Mistral. ha compuesto documentales de cine, seriales de televisión y comedias musicales, así como música coral, de cámara, y sinfónica.

Älvarez Ríos ha desenvuelto su vida artística en otro quehacer concomitante: la docencia, y en este sentido se destacó su trabajo con los grupos Meñique y Joven Meñique, donde los niños aprendieron a desarrollar sus capacidades individuales y en los que puso en práctica su producción didáctica y canciones infantiles que ocupan un segmento considerable de su producción musical.

María Alvarez Ríos, valiosa intelectual y compositora cubana dedicó su labor a los niños

Difícil es y será recolectar sus triunfos en medallas y condecoraciones. Si las tenía, estarían guardadas en las gavetas del olvido. Ella es, nunca era, como la nube de su cabello. Leve y silenciosa, ocupaba el sitio que prefería, libre de los mandatos huracanados.

Correteaba con la brisa, porque la brisa es la niña de los vientos y ella adoraba a los niños. Nube al fin, Sabía también ser un torbellino que se llevaba lo feo.

En las entrevistas a los artistas cubanos, continuará apareciendo en oraciones. “Mi abuela me llevó al parque Lenin, donde María se reunía con los niños , los del grupo Meñique y ella me aceptó”. “Mi padre quería que yo siguiera su profesión. Mi mamá le preguntó a María y ella le dijo que yo tenía condiciones para la música. Mamá convenció así a mi padre”. “Me presenté en aquel programa de la TV, Todo el mundo canta y María me enseñó a colocar la voz”. “Estrenamos las óperas italianas vertidas al español por María”.

Puede ser la entrevista a una flautista, una ingeniera de sonido, un salsero o una soprano. Repartía en lluvia su inmensa cultura, pero favorecía a los pequeños.

La nube María, introducida en el alma infantil, buscaba despertar el arte en cualquiera de las manifestaciones porque lo sabía elíxir de la espiritualidad; aunque, prefería el lenguaje de la música y para los niños, entre otras creaciones, dedicó cientos de canciones, dormidas para la difusión masiva, estudiadas y conocidas en las escuelas de música de cuba y el extranjero.

En octubre, en el II Festival de música de cámara Leo Brower, el maestro felicitó su quehacer en el día dedicado a las compositoras cubanas. Las noches oscurecen a las nubes y el tiempo trata inútilmente de disolverlas. Varias generaciones hablan de María.

La nube María es, nunca fue, de las educadoras insufladas por el espíritu de luz y Caballero. Daba carrera para vivir en paz y en equilibro con la naturaleza y los hombres. Las niñas viejas la recuerdan.


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