Raimundo
García Menocal
García Menocal

Raimundo  García Menocal  García Menocal
Nacimiento:  
1856
Fallecimiento:  
1
/
8
/
1917

El Maestro de la Cirugía en Cuba. Tuvo el mérito de ser el que fundase la primera Escuela de Enfermeras de Cuba en 1899, y por último terminó actuando en la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, donde llevó también su espíritu innovador a reformas importantes.

Fue el primero que practicó en Cuba la operación de Mac Ewen o escarificación de la túnica interna de un saco aneurismático. Las observaciones de éste y del doctor Presno Bastiony sobre aneurismas arteriovenosos y poplíteos, 1891 y 1908 respectivamente, fueron mencionados por los profesores franceses Monod y Vauvertz en su estudio sobre "Tratamiento de los aneurismas arteriovenosos" (1910).

El doctor García-Menocal era miembro de una ilustre familia asentada en Cuba desde finales del siglo XVII. El ingeniero Aniceto García-Menocal Martín fue de los proyectistas y constructores del Canal de Panamá; Armando García-Menocal Martín, uno de los inmortales de la plástica cubana y Comandante del Ejército Libertador; el ingeniero Mario García-Menocal y Deop, Mayor General del Ejército Libertador y presidente de la República (1913-1921). Con él fueron a la guerra independentista de 1895-1898 sus hermanos Pablo, Tomás Guatimoc (médico) y Juan Manuel, que alcanzaron el grado de Coronel, Gustavo el de Comandante y Fausto el de Capitán y su padre Gabriel García-Menocal Martín combatió en la Guerra de los Diez Años (1868-1878); Augusto García-Menocal y Córdova, destacado pintor y profesor de la famosa Academia de "San Alejandro", de La Habana, y otros.

En la Real y Literaria Universidad de La Habana cursó el doctor Raimundo García Menocal parte de la carrera de medicina, para graduarse en la Universidad de Zaragoza de Licenciado en Medicina y Cirugía (1876) y alcanzar el Doctorado en la Universidad habanera (1881) con la tesis "Teoría sobre la patogenia de la infección purulenta y verdadera utilidad práctica de las llamadas curas asépticas", para obtener en dicho grado el Premio Extraordinario.

En el Hospital "San Felipe y Santiago", de La Habana, después Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", realizó una brillante labor en la cirugía que lo llevó a ser considerado el mejor cirujano cubano de todos los tiempos. Solo basta decir que fue el primero que practicó en la Isla con éxito las siguientes operaciones: nefrectomía transparietal, nefrolitotomía, apendicetomía, operación de Boltini, prostatectomía perineal, osteoplastia, escarificación de la túnica interna de un saco aneurismático u operación de Mac Ewen, resección del ganglio de Gasser, laringectomía, gastronomía, operación de Whitehead o escisión de la mucosa rectal para tratar las hemorragias, láparo-miomectomía y otras, así como un procedimiento propio para la decorticación de la piel en la elefantiasis de miembros inferiores. Inició en Cuba la asepsia y la antisepsia y los estudios de micología médica.

Poseía el doctor Menocal condiciones excepcionales, difíciles de reunirse en un cirujano. Conocimientos anatómicos extraordinarios, dominaba la anatomía e histología patológicas, conocía de la técnica de laboratorio, tenía ilustración médica como cualquier internista, espíritu de observación admirable, manualidad exquisita, serenidad incomparable, bondad de alma extraordinaria, como si en él hubiera encarnado todo aquello que J. L. Faure reclama para el alma del cirujano.

Maestro de nuevo corte, restringía las manifestaciones exhibistas, para realizar con toda la mayor objetividad posible la demostración de sus casos. Era hombre de pocas palabras sobre todo cuando comenzó a dictar su cátedra pero en frases entrecortadas, a veces con monosílabos, dijo más a todos sus discípulos que la mayor parte de los maestros de la medicina cubana con sus bellas disertaciones plagas de citas que han tardado menos en olvidarse que el tiempo mismo que ellas duraban.

Sus minuciosas exploraciones en el enfermo, sus observaciones atinadas en las que revelaba sus vastos conocimientos, llevaban al espíritu del estudiante esa fe inquebrantable que requiere sentir el alumno por su maestro y cuando después de triplicar el tiempo que se señalaba por las disciplinas académicas para la asistencia a su clase llegaba el momento de apartarnos de él, sentíamos todos la pesadumbre de no poder continuar a su lado. Ved la impresión que dejaba en los estudiantes de la Universidad la obra del que puede llamarse el Maestro de nuestros cirujanos.

Sus iniciativas se extendieron a modificar considerablemente la enseñanza en general de la medicina durante el tiempo de su actuación decanal en cuyo período se transformaron numerosos departamentos de la Escuela, creándose el Departamento Anatómico. Se instalaron y funcionaron diversos laboratorios, que solo existían nominalmente en la Escuela de Medicina. Despertó el entusiasmo en sus compañeros de la Escuela, dando ejemplos saludables para todos y realizando de esta manera un grande progreso en la enseñanza de la medicina en Cuba.

Su amor a la cátedra fue intenso, no abandonándola ni aun en el período que precediera a su muerte, cuando fue designado para ocupar la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, que desempeñaba cuando ésta le sorprendió. Quizás contribuyera a apresurarla esta carga inmensa de trabajo que se impusiera, a la que se viese obligado, por una parte por su patriótico deber y por otra, por la atracción que sintiera por la enseñanza de la Clínica Quirúrgica.

La mentalidad quirúrgica del Dr. Menocal fue compleja, si se toman por norma las divisiones y conceptos que en este sentido ha establecido Cathelin.

Distaba de ser un cirujano de tipo anatómico, aun cuando poseía grandes conocimientos de la Anatomía; pero era un cirujano rápido en el mayor sentido que se pueda concebir. Sus dedos dotados de maravillosa manualidad hacían a veces más papel que sus tijeras y sus bisturíes.

Tenía una condición especial para la hemostasia; con rapidez vertiginosa caía su pinza siempre segura sobre el vaso sangrante, su maravillosa habilidad, que unida a sus conocimientos anatómicos hacía que para él no se conocieran las fronteras de la inoperabilidad. Los tumores del cuello, de la axila, etc., eran para él siempre abordables.

Poseía una condición prevaleciente dentro de su instinto quirúrgico; la sangre fría. Conocía su técnica quirúrgica de modo irreprochable, pero Menocal era un cirujano fisiólogo. Es más, el genio había besado su mano de artista y cuando él comenzaba una técnica, más de una vez realizaba modificaciones adaptables al caso en cuestión, para salvar un inconveniente, para aprovechar una circunstancia imprevista y de este modo, al fin y al cabo, él tenía su técnica propia que producía envidiables resultados.

No poseía esa condición de Cirujano-Profesor que proclama Cathelin, si se juzga solamente como tal aquel de fácil palabra, de gestos oratorios brillantes y de imágenes claras; en cambio poseía una metodización extraordinaria propia de ese carácter, y el don admirable de la síntesis, sabiendo remarcar los puntos interesantes del acto operatorio, la dificultad a vencer y gustaba más de demostrar que no de hablar. Usaba de los menos instrumentos posibles; era el tipo contrario del cirujano instrumentista. Se adaptaba brillantemente en su técnica al material quirúrgico que se le ofrecía, mostrando más de una vez de esta manera la aptitud manual que poseía y la ingeniosidad propia de su innata condición quirúrgica.

Como ciudadano desempeñó también principal papel en la patria. Conspirando primero por la libertad de su país y emigrado después, el doctor Menocal mereció también todos los honores del patriota. Fue de los que aportó no solamente frutos pecuniarios y trabajos efectivos; sino el alma caritativa que dulcificó la triste condición de algunos de los patriotas emigrados, llevando con su ciencia al seno de los hogares felicidad o consuelo. Después de la emigración cuando vuelto a la patria siguió su limpia historia, se vio desempeñando la plaza de Concejal del Ayuntamiento, reorganizando el Servicio Sanitario Municipal.

Tuvo el mérito de ser el que fundase la primera Escuela de Enfermeras de Cuba en 1899, y por último terminó actuando en la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, donde llevó también su espíritu innovador a reformas importantes. Padre excelente, amigo leal, correcto caballero, tenía la misma nitidez de alma que en su persona. Su aspecto atractivo, de gentleman, gozaba de las simpatías del que por primera vez lo viera.

Ferviente patriota, al comienzo de la guerra independentista de 1895-1898 emigró a Estados Unidos donde realizó una importante labor reinterviniendo quirúrgicamente a los heridos que se sacaban de la Isla. Fue Decano de la Facultad de Medicina (1900-1901) y Secretario de Sanidad y Beneficencia (1916-1917); perteneció a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, a la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y a numerosas instituciones quirúrgicas de Europa y América.

En más de una ocasión fue inventor; precisamente en esa cirugía poco conocida de los médicos europeos que caracterizan al cirujano colonial, el maestro tuvo técnicas propias, su método para el tratamiento de la elefantiasis de las extremidades y una cirugía plástica que practicaba de modo admirable: la osqueosplastía por lesiones de elefantiasis filariósicas.

Ginecólogo experto, tocólogo de éxitos francos, urologista consagrado, manejaba como pocos el instrumento que hiciese famoso a Guyón; citoscopizaba cuando pocos lo hicieron en Cuba y fue uno de los primeros en utilizar el cateterismo ureteral. La cirugía abdominal y torácica no tuvo secretos para él, en una palabra, era el cirujano más general que puede concebirse.

Otro aspecto brillante del Profesor Menocal lo fue su actuación como Profesor de Dermatología y Sifilografía a cuya cátedra hizo oposición en el año 1909. Esta asignatura existía en los planes de estudios y no había sido cubierta, cuando para sorpresa de todo el doctor Menocal hizo oposición a la misma y sus estudiantes tuvieron la oportunidad de seguir sus admirables ejercicios.

Dicha cátedra la desempeñó con las mismas actividades que la de Clínica Quirúrgica. Se ocupó de una manera intensa de las micosis en nuestro país; estudió con ahínco la histopatología de nuestras dermatosis y escribió un Manual de Enfermedades de la Piel y Sífilis, dedicado a sus alumnos. Fue el precursor de la dermatología en Cuba y de él tomaron sus inclinaciones los especialistas de hoy.

Su labor como publicista fue extraordinaria. Cerca de cien trabajos fueron publicados por él en la prensa médica y ellos son la mejor muestra de ésta su nueva fase de actividad. Variadas son las materias que abordó y no todas dentro de la estricta rama de la cirugía.

El doctor Raimundo Menocal fue electo en 1891 miembro de esta Academia, donde, los que fueron sus compañeros, tuvieron la posibilidad de conocer su interesante labor. Su admirable trabajo de ingreso "Contribución al tratamiento abreviado de las fracturas" fue una brillante exposición de su talento dirigido en el sentido práctico.

Muere en la finca "Durañona", Marianao, ejerció su profesión hasta que una traidora enfermedad, rápida en su desenvolvimiento, cortó su vida en La Habana, el 1 de agosto de 1917. Se declaró, por el Poder Ejecutivo de la República, duelo oficial mientras estuviera insepulto el cadáver y se expuso éste en el Palacio Presidencial.

El doctor Raimundo García- Menocal, la más eminente personalidad docente y científica de estas cátedras, quizás por la razón apuntada, no produjo libro de texto; sin embargo, para la otra cátedra que desempeñaba en la propia Facultad y de la que fue fundador, primero como curso complementario, Enfermedades de la Piel y Sífilis, publicó dos libros: "Tratado de Enfermedades de la Piel y Sífilis" (1907), volumen de 565 páginas, y "Manual de Enfermedades de la Piel y Sífilis" (1911), en verdad una segunda edición corregida y aumentada de 660 páginas. En estas obras hace un detallado estudio de las miosis en Cuba e introduce la histopatología en el estudio de muestras dermatosis.

Su importante y numerosa obra científica comprende, además, 13 artículos publicados en revistas cubanas, norteamericanas y europeas, entre los que se distinguen: "Contribución al estudio de la funiculitis hipo-tóxica en los países cálidos" (1905), publicado en el Journal de Urologie, París, y en los que aportó técnicas originales como su método para el tratamiento de la elefantiasis de las extremidades (1889), y la osqueoplastia para lesiones elefantiásicas (1910). Fue uno de los que más contribuyó a introducir los métodos de anestesia en nuestro país y a pesar de la importancia de las intervenciones que realizaba, su mortalidad era muy baja y basta decir que de 1893 a 1894 en que practicó 284 operaciones quirúrgicas no hubo fallecidos.

Aunque todos los profesores son en mayor o menor escala destacadas figuras de la cirugía cubana de su tiempo, indiscutiblemente que el doctor Raimundo García Menocal fue quien más profunda huella dejó en sus discípulos y en la historia de la cirugía en el país. El doctor Bernardo Escobar Laredo, quien lo conoció antes de que el Maestro iniciara su carrera docente, lo describió con las siguientes palabras:

"Viste siempre limpio, correcto; usa el clásico chaquet y no abandona el blanco pañuelo. Escudriña cuando os mira y es de los que os estudia cuando habla. Y habla poco, lentamente; con excesiva parquedad cuando habla científicamente".

El historiador médico doctor José A. Martínez-Fortún Foyo, alumno suyo al inicio de su labor docente, dijo de él lo siguiente:

"El doctor Menocal es un hombre grande, fuerte, de porte distinguido, de aspecto y carácter nórdico, serio, reservado, de pocas palabras, habla bajo, algo rudo en sus maneras y considerado como un gran Maestro. Su clase es completamente práctica y clínica, a la cabecera del enfermo. Cada alumno atiende a su caso. Hacemos diariamente la visita con él y es raro el día que no pregunta y lo hace con la cabeza baja, sin mirar al alumno y solo hace una señal de disgusto cuando no se le responde bien. Todo lo que se le contesta le parece poco, pide más y más […]. Hizo numerosas y arriesgadas operaciones. Parece le gustan las intervenciones grandes y cruentas. Nos admiraba su rapidez, su sangre fría y su técnica propia […].

Su auxiliar Ferrán lo ayuda en las operaciones, pero parece `borroso' al lado del Maestro".

El doctor Torroella Mata, que lo conoció en los años finales de su magisterio, que no pudo ser su alumno y que más tarde fue uno de sus continuadores más brillantes en la cátedra, dijo:

"La enseñanza de la Clínica Quirúrgica estuvo bajo la responsabilidad del Profesor Raimundo Menocal, modelo ejemplar de competencia, experiencia y laboriosidad. Fue una gran pérdida para nosotros que al año anterior de matricularnos en su asignatura, Menocal dejara la Universidad para hacerse cargo de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia".


Noticias relacionadas