Pedro Antonio
Díaz
Molina

Pedro Antonio Díaz Molina
Nacimiento:  
17
/
1
/
1850
Fallecimiento:  
15
/
5
/
1924

Participó en la Guerra de los Diez Años, en la Guerra Chiquita y en la Guerra del 95.

Nace en Yaguajay, Sancti Spíritus. Hijo de la esclava Cesárea Regla, heredó la condición social de su madre y se le impuso el apellido de su dueño Domingo Díaz. Desde muy joven conoció de cerca los desmanes del régimen colonial español y en el mes de abril de 1869 se fugó a la manigua para conquistar la independencia de la Patria.

Prestó sus servicios en el Cuerpo de Sanidad Militar y operó bajo las órdenes del venezolano Salomé Hernández y del gallego Francisco Villamil, ambos muertos en 1871 y 1873 respectivamente, así como de otros jefes que conoció durante la contienda como el polaco Carlos Roloff y el andaluz Diego Dorado.

También en algunas ocasiones compartió momentos de la guerra con otras personalidades entre las que se destacan Miguel Gerónimo Gutiérrez, Honorato del Castillo y los hermanos Fernández Cavada.

Fue partícipe de muchas acciones de guerra en territorio de Las Villas, Camagüey y Oriente, y se hizo querido entre sus compañeros por su seriedad, fidelidad, valentía y profundo humanismo cuando atendía con igual esmero a heridos cubanos y españoles. Terminó la Guerra Grande operando en territorio de la jurisdicción de Remedios bajo las órdenes del entonces coronel Francisco Carrillo Morales y ostentaba, en 1879, el grado de comandante.

Cuando estalla la Guerra Chiquita, conocida también en este territorio como Guerra de Carrillo en honor al líder de la misma, Pedro Díaz se incorporó inmediatamente en noviembre de 1879 y se mantuvo combatiendo hasta agosto de 1880 que, en precarias condiciones para proseguir la lucha, los revolucionarios de la zona deponen las armas en El Mamey de Buenavista, alcanzó en esta los grados de teniente coronel y llevaba en su cuerpo cicatrices como testimonio palpable de su aporte a la independencia de Cuba.

Al igual que muchos otros esclavos, alcanzó su libertad peleando contra el colonialismo español, durante el período de Tregua Fecunda residió en Remedios y se empleó como obrero en los ingenios San José y Jinaguayabo, donde estuvo siempre ligado al movimiento revolucionario de la zona.

Apenas se conoce en la jurisdicción de Remedios la noticia del estallido del 24 de febrero de 1895, las autoridades españolas detienen a Francisco Carrillo tratando de impedir un levantamiento. El 5 de junio se alza en armas el teniente coronel Pedro Díaz que es reconocido como jefe por quienes lo secundaron, poco después es oficialmente designado como jefe de la Brigada de Remedios, perteneciente a la Primera División del Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador.

Se mantuvo operando con resonancia en este territorio hasta la llegada de la Invasión de Gómez y Maceo, a quienes se incorporó con una pequeña fuerza de caballería, participó en todos los combares durante el recorrido hasta La Habana entre los que merecen mencionarse Los Indios, La Colmena, Coliseo y Calimete.

El 1 de enero de 1896 entra con Gómez y Maceo a la capital, toman Güira de Melena, Alquízar, Ceiba del Agua, Vereda Nueva, Hoyo Colorado, Punta Brava y El Cano. Una semana después, al separarse los dos caudillos y marchar el Titán para completar la invasión hasta el extremo más occidental de la Isla, el coronel Pedro Díaz quedó operando en territorio habanero bajo las órdenes del Generalísimo, quien lo nombra el 17 del mismo mes, brigadier en comisión jefe de la Brigada de Batabanó que comprendía, además, las zonas de San Felipe, Güira, Quivicán, Guara, Melena del Sur y comarcas anexas.

En el desempeño de este cargo brillaron sus dotes militares, su capacidad de persuasión para con los servidores de España y al mismo tiempo su severidad con los traidores. Corrió como pólvora en toda la provincia la acción que preparó y dirigió personalmente en las cercanías de Pozo Redondo, al capturar un tren cargado de soldados españoles y materiales de guerra que circulaba por la línea férrea Habana-Batabanó, este éxito propició el suministro de armas y parque a las diferentes fuerzas insurrectas del territorio, poco después Maceo propuso a Gómez el nombramiento oficial de General de Brigada a favor de Díaz.

Al regresar Maceo de Occidente con sus objetivos cumplidos, el general Díaz operó junto a él nuevamente en San Antonio de Las Vegas, Jaruco, Moralito y Batabanó. Cuando volvió el Lugarteniente General para Vuelta Abajo a desarrollar la Campaña de Occidente, agregó a sus fuerzas a Pedro Díaz con parte de las suyas y lo nombró jefe de la División de Pinar del Río, proponiendo su ascenso a General de División.

Desde marzo a diciembre de 1896 desarrolló esta epopeya junto al Titán de Bronce y participó en innumerables acciones de guerra enfrentando a numerosas fuerzas españolas de las tres armas. Entre las decenas de combates que tomó parte pueden mencionarse Neptuno, Galope, Laborí, Cayajabos, El Rubí, La Palma, San Claudio, Tapia, Consolación del Sur, Descanso, Loma China, Ceja del Negro, Tumbas de Estorino y El Rosario. Fue, además, el encargado por órdenes expresas de Maceo, de recibir y conducir los pertrechos de guerra de las importantes expediciones que arribaron a costas pinareñas dirigidas por el coronel Francisco Leyte Vidal y el general Juan Rius Rivera, a este último entregó la jefatura de la División a su mando cuando Maceo lo escogió para que lo acompañara en su marcha hacia Las Villas con el objetivo de que se hiciese cargo de la Primera División del Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador.

Después de la catástrofe de San Pedro y ya en la jurisdicción de Sancti Spíritus desde principios del año 1897, Pedro Díaz desempeñó la función que le tenía reservada Maceo antes de caer en combate, hasta finales de marzo hizo sentir su presencia en la zona por las resonadas acciones armadas que libró, mandando indistintamente todas las brigadas que componían su División, en La Alameda, Trinidad, Aguada de Pasajeros, Las Delicias y otras de menor envergadura.

A finales de marzo cae prisionero el general Juan Rius Rivera y Máximo Gómez le ordena que marche sin demora a Occidente para que tome el mando del Sexto Cuerpo de Ejército, entra en aquel territorio el 9 de mayo y su llegada fue motivo suficiente para que las tropas revolucionarias dieran emotivas muestras de júbilo. Su labor se centró en activar las operaciones de guerra, reorganizar la estructura militar y el gobierno civil, así como fortalecer las redes de información clandestina y proteger a las familias indefensas.

Heroico fue el batallar de los mambises de la División pinareña en cada tramo de esa región, sus continuos éxitos contribuyeron enormemente al descalabro del ejército colonial, baste mencionar por citar solo algunos ejemplos, las acciones de Las Ánimas, Bodega Nueva, El Rosario, El Inglesito, El Romero, La Gloria, Santa Paula, Aranjuez, San Miguel y La Madama. También aplicaron muy a conciencia la política de la tea incendiaria, destruyendo más de cien caballerías dedicadas al cultivo del café y la caña y se opusieron enérgicamente al plan de autonomía que ofreció el gobierno español.

Pedro Díaz concluyó la guerra de forma satisfactoria en el desempeño de este cargo y se encontraba aún sobre las armas con todas sus fuerzas reconcentradas en el campamento de La Ceniza, durante la ocupación militar norteamericana de la ciudad de Pinar del Río.

El día 3 de diciembre de 1898 se retiraron las tropas españolas que permanecían en Artemisa, entonces cuartel general de la célebre Trocha de Mariel a Majana. Y, sin pérdida de tiempo, el propio día hicieron su entrada triunfal las fuerzas libertadoras cubanas bajo el mando del mayor general Pedro Díaz a los acordes del Himno Nacional y a los vítores y exclamaciones de ¡Viva Cuba Libre! ¡Viva Cuba Independiente! ¡Viva Cuba Libre y Soberana!

Durante esta primera intervención norteamericana fue el responsable de organizar la Junta de Veteranos y Patriotas en el pueblo de Artemisa y viajó en una ocasión hasta la ciudad de Remedios donde compartió y trató temas de interés común con varios amigos. En 1902 fue elegido Representante a la Cámara por el municipio de Artemisa, cargo en el que se mantuvo hasta 1906 y en 1908 hizo su última aparición pública durante la visita del Gobernador Provisional Charles Magoon a la ciudad de Pinar del Río, en el período de la segunda intervención militar yanqui a solicitud de las autoridades de la provincia que reconocían en él a la leyenda viva de la guerra de independencia, en ningún momento hizo politiquería, ni manchó su honestidad, fue de la corriente de veteranos que se mantuvo fiel a la tradición patriótica, no ambicionaron cargos ni comodidades y sufrieron como nadie la humillación de la libertad arrebatada por el naciente imperialismo norteamericano.

Su vida luego de la independencia de España transcurrió en el pueblo de Candelaria donde, junto a su compañera de la guerra y de la vida Hilaria Bocourt formó su familia de la cual salieron seis hijos: Pedro, Elpidio, Arsenia, Minerva, Hilda y Porfirio.

Falleció en Caimito a la edad de 74 años el 15 de mayo de 1924.


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