Merceditas
Valdés

Merceditas Valdés
Merceditas Valdés, Mi Pequeña Aché
Nacimiento:  
4
/
10
/
1928
Fallecimiento:  
13
/
6
/
1996

Nació en la barriada habanera de Cayo Hueso en las calles Neptuno y Hospital, donde asimiló, desde la infancia, cantos y rezos yorubás, la rumba y obras de representativos compositores criollos, entre otros, Ernesto Lecuona, Rodrigo Prats, Arsenio Rodríguez y Eliseo y Emilio Grenet.

Su comienzo, en calidad de artista profesional, tuvo lugar en el programa radial La Corte Suprema del Arte, de la antigua emisora CMQ, en el cual el aplauso del público determinaba el triunfo del que aspirara al premio en esa transmisión.

Su pequeña pero bien timbrada voz le garantizó entonces el éxito con composiciones de la música afrocubana, género que la Valdés se dedicaría a interpretar fundamentalmente. Miguel Barnet ha dicho al respecto: “Si bien es cierto que el cubano es sobre todo bailador, sus facultades de canto no van a la zaga.

Merceditas reunió siempre ambos dones, los acopló armoniosamente en un estilo personal, dentro de la gran pléyade de cantoras afro, y lo convirtió en un sello identificador de gracia y cubanía.
Su voz se destacó entre otras, más nasales, más agudas o sencillamente más estridentes.

Esa dulzura y sobriedad inherentes al rezo y la invocación buscaban una voz como la de Merceditas”. Por tales peculiaridades el sabio don Fernando Ortiz seleccionó a partir de 1941 a Merceditas Valdés para ilustrar en la Universidad de La Habana y en otras instituciones capitalinas sus conferencias y seminarios en torno a las músicas de procedencia africana en la isla caribeña.

Al serle presentada ese año por los tamboreros Trinidad Torregrosa y Jesús Pérez, el eminente etnólogo la denominó “diamante en bruto” y más tarde, cuando ya en su labor conjunta ella se hizo imprescindible en la interpretación de cantos y rezos lucumíes y congos, le otorgó el calificativo de “mi pequeña aché”.

Durante el propio decenio de los cuarenta del siglo XX, la Valdés, bajo la dirección musical de Obdulio Morales, mantuvo por largo tiempo un programa dominical en Radio Cadena Suaritos, el cual hizo época.

Y en 1951, con la dirección del maestro Enrique González Mantici, participó como primera figura en el espacio Rapsodia Negra, de la radioemisora CMQ. A comienzos del último decenio citado se inauguró la televisión en Cuba.

Las interpretaciones afrocubanas de Merceditas Valdés recibirían la aceptación de todo un pueblo a través del nuevo medio de difusión.

En distintos canales televisivos, estudios de cine, radioemisoras, teatros o centros nocturnos alternó con personalidades de la talla de Sarah Vaugham, Nat King Cole, Ernesto Lecuona, Rita Montaner, Benny Moré, Celia Cruz, Emilio (El Indio) Fernández, Mongo Santamaría, Pedro Armendáriz, Johnny Mathis, Bola de Nieve, Chano Pozo, Rosita Fornes, Omara Portuondo, Tito Puentes, Adolfo Guzmán, Gilberto Valdés, Pablo Milanes, Chucho Valdés y el grupo Irakere.

El internacionalmente conocido cabaret Tropicana la anunció en su elenco estelar… En ese contexto viajó a estados Unidos de Norteamérica.

Su nombre aparecerá inscrito en el libro por los cincuenta años de existencia del célebre teatro Apolo, de Nueva York, donde actuó también en la selecta sala de conciertos Carnegie Hall, acompañada por una orquesta de ochenta profesores y Gilberto Valdés como director.

En el Hotel Flamingo, de Nevada, la secundó la orquesta del famoso cantante criollo Miguelito Valdés.
Otras partes del territorio norteamericano las recorrió con un espectáculo llamado “De la Habana a Harlem”, cuya música era de Jenx Simons.

Después de los cambios políticos, económicos y sociales iniciados en Cuba en 1959, el arte de Merceditas Valdés amplió sus proyecciones.
Aumentó considerablemente el número de sus grabaciones discográficas, iniciadas en 1946 con la placa de larga duración “Toques de Santos”, las cuales alcanzaron un momento consagratorio con la aparición de la serie Aché, en los años noventa.

Asimismo paseó su original estilo a lo largo y ancho de su patria, sin descuidar sus giras internacionales por naciones de América y Europa; laboró al lado del Grupo Oru, dirigido por el compositor Sergio Vitier, y trabajó con los colectivos musicales Los Ibellis y Los Amigos….

Con una extraordinaria capacidad para mantenerse vigente más allá de épocas y estilos musicales, hasta su fallecimiento, el 13 de junio de 1996, Merceditas Valdés ofrendó lo mejor de su talento al pueblo que la consagró entre sus devociones artísticas.

Ella será siempre un documento etnográfico en el que pervive cantos y rezos africanos insertados en la cultura nacional.

La presencia de Merceditas Valdés en cualquier escenario inspiraba toda la magnitud que su propia estatura física contradecía; la pequeña Aché, como le llamara el célebre etnólogo cubano Fernando Ortiz fue la más importante intérprete de la música folklórica cubana de ascendente africano, la que fue difundiendo de forma excelente, por cada lugar que paso y sin lugar a dudas dejó su huella. Por si fuera poco, en su repertorio están incluídos otros géneros como el bolero, la rumba, la descarga cubana; los que interpretó con igual maestría.

En concierto ofrecido en la Sala White, de Matanzas, y recogido en un registro fonográfico, el 3 de septiembre de 1983, fue una muestra de su capacidad interpretativa y de esta diversidad en sus preferencias al cantar. Pero guarda el especial valor de contar con invitados que por igual, mantuvieron una línea rigurosa de trabajo con los géneros que proclamaron como es el caso de Isupo Irawo de Jesús Pérez y Los amigos, dirigido por su compañero en la vida Guillermo Barreto; agrupaciones a las que estuvo ligada en toda su carrera musical.

Desde un ciclo yoruba con rezos a Elegguá, Oggún, Ochosi, Yemayá, hasta el conocido Pa’ gozar, del desaparecido Tata Güines, pasando por un Drume negrita, o su versión en bolero guaguancó del conocido Amor por ti, interpretaciones tocadas todas por la excelencia, hacen de este concierto, una de las joyas - que grabado in situ por el ingeniero Jercy Belc con el estudio móvil de EGREM-, atesoran los archivos musicales de San Miguel y Campanario, y que hoy quedan para los amantes de la buena música.


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