Manuel
de la Cruz
Fernández

Manuel  de la Cruz Fernández
Un Académico de la Lengua, El Académico de Banes, Isaías, Un Colaborador Asiduo, Emmanuel, Juan de las Guásimas, Micros, Un Occidental, Un Redactor, Raimundo Rosas, Juan Sincero, Bonifacio Sánchez.
Nacimiento:  
17
/
9
/
1861
Fallecimiento:  
19
/
2
/
1896

Escritor, periodista y crítico literario cubano. Cultivó un estilo irreverente y se caracterizó por su pensamiento independentista.

Nació en La Habana. Realizó sus primeros estudios en el colegio San Anacleto. Sus padres abogaban por la independencia de Cuba, lo cual influyó en su formación.

En el año 1880 conoció al teniente coronel Francisco Lufriú, veterano de la Guerra de los Diez Años, quien le narraba anécdotas memorables de la contienda. En esas circunstancias, el joven De la Cruz alcanzó una clara idea, casi vívida, de la primera lucha por la emancipación de la Isla.

Entre los años 1883 y 1884 viajó a Francia y España. Se estableció en Barcelona, donde inició su formación literaria. Desde tierras españolas enviaba colaboraciones a las publicaciones cubanas La Habana Elegante y Revista Habanera.

Al regresar a Cuba mantuvo una labor periodística constante en La Ilustración Cubana (1885), de Barcelona, y El Cubano (1887).

En 1888 sostuvo una polémica de prensa con el escritor Cirilo Villaverde concerniente a la filiación política de Narciso López, en la que De la Cruz defendía la tesis del anexionismo de López.

Comenzó a laborar en 1889 como corresponsal en la Isla del diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina, al cual remitía trabajos de crítica literaria. Desde su corresponsalía promocionó en el extranjero a las más destacadas personalidades cubanas. Fue reportero del rotativo argentino hasta su muerte. Fue redactor de El Fígaro y Revista Cubana, y escribió además para Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP), El Almendares y El Porvenir.

Como narrador creó algunos relatos de ficción significativos, entre los cuales se destacan La hija del montero y El marco de la sierra, de discreto ambiente romántico y plenos de misterio.

En Cromitos cubanos, un volumen de veinte semblanzas, trazó el perfil de contemporáneos relevantes como Rafael Montoro, Rafael María Merchán, Ricardo del Monte y José Joaquín Palma. En esa obra inauguró su estilo, influido por la prosa de José Martí, pero de sello propio y rebelde, marcado por su capacidad de concentrar en pocas palabras múltiples conceptos y matices. Su obra más acabada fue Episodios de la revolución cubana, publicada en 1892.

Episodios de la revolución cubana es una novela testimonial, en que De la Cruz recogió las memorias de varios protagonistas de la Guerra de los Diez Años: Ramón Roa, Manuel Sanguily Garrite, Enrique Collazo, Esteban Borrero, Félix Figueredo, entre otros. Con esa base articuló un relato colectivo, que marcó el fin de la literatura cubana colonial y dio inicio a la literatura de campaña, continuada muy pronto por A pie y descalzo, de Ramón Roa.

Episodios de la revolución cubana, obra de evidente defensa y rescate de la gesta libertadora iniciada en 1868, constituyó una sorpresa para el público de la Isla y provocó una rápida contrarréplica de las autoridades coloniales.

De la Cruz se dio a la tarea, a través de la literatura y la crítica, de realizar una labor de recordación y propaganda sobre la Guerra de los Diez Años y las ideas independentistas, por lo que se le dio el sobrenombre de «El Mambí de las Letras».

A petición del editor argentino Francisco Laggomaggiore, elaboró el capítulo dedicado al desarrollo de la literatura en Cuba para la obra América literaria (1890) que preparaba aquel. La contribución, con el nombre de «Reseña histórica del movimiento literario en la isla de Cuba», estudiaba las producciones cubanas desde 1790 a 1890. Ese texto demostró sus conocimientos sobre el tema, y destacó la relevancia de autores como José María Heredia y Gertrudis Gómez de Avellaneda.

De la Cruz llegó a ser colaborador de José Martí en el proyecto de liberación que se conocería más tarde como Guerra de Independencia. Por encargo de Martí recorrió la Isla, con el fin conocer y preparar el territorio para la guerra que se gestaba en el exilio. En 1894 viajó al Oriente cubano, portando un mensaje secreto de Juan Gualberto Gómez para unificar las fuerzas independentistas. En un rápido viaje a Santiago de Cuba, se entrevistó entonces con veteranos de la Guerra de los Diez Años como Guillermo Moncada.

Al comenzar la Guerra de Independencia se trasladó a Cayo Hueso, en Estados Unidos, donde inició una intensa labor de propaganda a favor de la emancipación de Cuba. Desde Tampa mantuvo sus colaboraciones a La Nación, en las cuales divulgó el proceso inicial de la contienda. Más tarde pasó a Nueva York, y allí continuó enviando al diario argentino los artículos que reunía bajo el epígrafe «La guerra de Cuba».

En Nueva York trabajó a las órdenes de Tomás Estrada Palma como secretario de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), y como redactor de su periódico, Patria.

De la Cruz recopiló datos para una biografía del mayor general Ignacio Agramonte, prócer de la Guerra de los Diez Años. Al parecer llegó a redactar algunos capítulos, pero en los papeles que legó, sus herederos solo encontraron apuntes sueltos. Preparaba además al morir un volumen de Cromitos argentinos y uruguayos, de los cuales únicamente publicó los perfiles dedicados a Carlos Guido Spano, Rafael Obligado y Eduardo Acevedo Díaz.

Utilizó los seudónimos Un Académico de la Lengua, El Académico de Banes, Isaías, Un Colaborador Asiduo, Emmanuel, Juan de las Guásimas, Micros, Un Occidental, Un Redactor, Raimundo Rosas, Juan Sincero y Bonifacio Sánchez.

Falleció repentinamente en Nueva York el 19 de febrero de 1896, a los 34 años de edad.

Fuente: EnCaribe.org


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