Luisa María
Jiménez

Luisa María Jiménez
La Tojosa
Nacimiento:  
18
/
5
/
1962

Actriz cubana. Graduada de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y posteriormente del Instituto Superior de Arte (ISA), es Licenciada en Artes Escénicas. Ha desempeñado papeles protagónicos en numerosos montajes teatrales, así como en producciones para la televisión y el cine.

Sus inicios en el arte están íntimamente ligados a la villa de Trinidad donde transcurrió toda su infancia y gran parte de su adolescencia. Con 8 años ya había decidido ser artista. Su pasión por el movimiento del cuerpo, la danza, el ballet la llevaron a pensar firmemente que un día sería bailarina y tomó clases en este sentido de todo lo que tuviera ver con el movimiento corporal, hasta de folklore yoruba, latinoamericano y europeo. De igual forma recibió instrucción relacionada con las artes plásticas.

Sus ansiedades artísticas no definidas la creación en sentido general. Estuvo muy vinculada al movimiento de aficionados tan importante por aquellos años. El instructor de teatro Pablo Dalmau, colocó en ella la semilla de la actuación, invitándola a formar parte del grupo de teatro de aficionados, en el que junto a su hermano Néstor Jiménez, participó en festivales de la FEEM de esos años, llegando a obtener premio en el Festival Nacional que se efectuaba en La Habana, lo que les valió una presentación en la sala Hubert de Blanck. A los 17 años entró en la Escuela Nacional de Arte, en la especialidad de Artes Escénicas.

El teatro
El teatro fue lo primero. Una vez graduada pasó a formar parte del prestigioso grupo de Teatro Político Bertolt Brecht con renombrados actores de la escena cubana como Luis Alberto García (padre), Litico Rodríguez, Samuel Claxton, René de la Cruz, Mario Balmaseda, Elvira Enríquez, Liliam Llerena, Idalia Anreus y otros tantos. Esto significó todo un despegue y la total comprensión del rol del actor para adueñarse de la escena y de todos sus elementos, con verdadera conciencia.

Luego compartió el trabajo con el estudio para poder terminar sus años en el Instituto Superior de Arte que ya había comenzado, hasta graduarse en el 1984. Estaba totalmente entregada a su profesión, a los estudios, ensayos, funciones. No escatimaba esfuerzos, no le importaba el tiempo, ni pensaba tampoco que era demasiado. Trabajaba hasta aquejada de asma, enfermedad que padece desde la niñez y que por aquellos tiempos se empeñaba en neutralizarla.

Quizá sentirse tan pequeña entre tantos nombres famosos, lograba sacar de ella una fuerza y un deseo absoluto de que la vieran como una "actriz", y no como a una simple joven recién graduada con cierto talento a considerar. Se ganó la confianza y la consideración de los directores que contaban con ella para sus obras y roles protagónicos. Trabajó con directores extranjeros y del patio. Fueron unos años dorados para el teatro cubano y la creación artística.

La Televisión
La televisión vino después, se preparaba para hacer un teleteatro con el respetadísimo actor Enrique Santiesteban, dirigido por Silvano Suárez. Estaba ensayando por ese entonces la obra Humboldt y Bolívar con Mario Balmaseda. Salió con toda la prisa que pudo de estos ensayos para llegar lo antes posible a este otro. Diez minutos tarde bastaron para que aquel señor que ya le blanqueaba el cabello, la expulsara bochornosamente de su trabajo por indisciplinada. El llanto la dejó sin aliento, ni la intervención de Enrique logró ablandar al conocido Silvano Suárez. Llegó a sentir terror por las llegadas tardes.

Días después se estaba presentando a aquel casting en solitario con el impactante Roberto Garriga que la hizo hacer toda una desgarrante escena de amor con el lente de la cámara como galán, tomando como base una de las ya escritas escenas de la famosa novela. Por suerte para ella, cuando estaba comenzando a sentir que se le agotaban los recursos, justo ahí, paró la escena diciéndole con sus fríos ojos azules: Me convenciste, eres la Tojosa. Salió al aire en el 1985.

El Cine
El cine ha sido para Luisa como un amor platónico hasta tanto no se declaró. Siempre fue un amor difícil. Lo veía como algo que no era para ella. Solo le abría una ventanita y así pudo aspirar a acariciarlo en películas donde era "una más":

"Se Permuta" con Juan Carlos Tabío
"Flechazos" con Orlando Rojas
"Dónde está mi Hijo" con Lucio Gaudino
"Venir al Mundo" con Miguel Torres. Hacía pareja con su eterno compañero y excelente actor Alberto Pujols.
"Rosa la China" con Valeria Sarmiento, una directora chilena radicada en Francia.
Era su primer protagónico en el cine entregado por una extranjera y de un tema absolutamente cubano. Una historia de bajas pasiones al lado del famoso actor español Juan Luis Galiardo, trabajaba arduamente porque esta película coincidió todo el tiempo con la tele serie "Salir de Noche" donde hacía el rol de una añeja modelo de pasarela. Trabajaba 24 horas, salía de un personaje para entrar en otro completamente distinto. La interpretación del personaje de Rosa la China la llevó al festival de cine de Venecia. Su trabajo como actriz también incluye otras coproducciones con Italia, el Reino Unido, Portugal, Francia, y España.

Otras facetas de su vida
Atraida por el mundo de la moda desde niña diseñaba y dibujaba la ropa que quería llevar. Recibió clases de modelaje con Norka Méndez y estuvo tres años ejerciendo como modelo en la casa de modas La Maison.

Modeló ropa de renombrados diseñadores cubanos. Trabajó para colecciones de Paco Rabanne y el Marquéz de Pucci. Fue fotografiada por el gran Alberto Korda y otros destacados artistas del lente. Estuvo vinculada a este mundo alrededor de tres años, presionada por carreras, exigencias profesionales, pruebas de vestuario, maquillaje, ensayos, teatro, filmaciones; resolvió terminar con esta etapa de su vida profesional.

Filmografía
Santa Camila de la Habana Vieja. 2002 Dir. Belkis Vega.
Rosa la China. Dir. Valeria Sarmiento.
Viva Cuba. 2005 Dir. Juan Carlos Cremata.
Barrio Cuba. Dir. Humberto Solás.

Premios y Reconocimientos
Barrio Cuba
Premio a la Mejor Actuación femenina (ex aequo). 27 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana, 2005.
Premio a la Mejor Actriz de Reparto (ex aequo). 46 Festival de Cine de Cartagena, 2006.
Premio a la mejor actuación femenina. Festival Ceará. Fortaleza, Brasil, 2006.

En entrevista afirma:

-Mira, yo estoy muy sorprendida. Uno no espera esas cosas. Incluso, uno no se prepara para ese tipo de acontecimiento. No estoy, francamente te lo digo, no estoy esperando que me den premios. Y, quizás, por eso cuando me los dan, las veces que eso ha sucedido, me agarra, mira, me sorprende de verdad. Me toma así, desarmada, como que no me lo puedo creer.

El primer premio internacional que obtuve fue el Coral cubano, que dicho sea de paso, lo tienen muy pocas actrices cubanas. Y es el Coral, increíble. Ganar el Coral en nuestro país, por cubano, es bien difícil. Se le ha otorgado a muchos artistas internacionalmente. Pero a cubanos es difícil otorgarles un Coral. No sé por qué tanto rigor con nosotros mismos, entre nosotros. Pero bueno, somos así.

-Eso también lo amerita.

-Sí. Y cuando me dijeron, Luisa tienes un Coral (lo que llega un poco extraoficial), dije: no, eso tiene que ser un error, seguro que hay alguna confusión porque no me lo esperaba. Y además, porque como en la película Barrio Cuba hay tan buenas actuaciones, pensé que la mía era una más. Pero resultó que tuve el Coral cubano. Después una sorpresa más grande cuando obtuve un premio en Colombia, en Cartagena, la India Catalina. Y después, qué decirte cuando fue en Brasil, en Fortaleza.

Y, mira, tengo que aceptar que era mi año. Tengo que aceptarlo porque eso pasa. Pienso que cada persona trae su cuota a la vida. Cada persona trae su cuota de satisfacciones y de desgracias, de felicidad y de infelicidad. Todo el mundo tiene su cuota. Y parece que la mía estaba aquí en el 2006, asignada para el 2006 y no antes. Bueno, yo he obtenido premios nacionales, pero internacionales eso sí que no lo esperaba. Por eso yo pienso que es bueno no pensar, ni andar buscando las cosas. Pienso, incluso, que no se puede buscar la suerte. Yo creo que la suerte es quien te elige, es quien te busca, es quien te escoge. No se puede buscar nada. Lo que hay es que andar. Andar y trabajar. Crecer, y ya la vida te dará esto o aquello. Y el tiempo y la vida van ubicando a cada cual en el lugar que le corresponde. Sea para mal, sea para bien, o sea incluso, después de un golpe, para que después venga una bonanza, venga el bien. Hasta de los golpes se recoge un fruto, se cosecha.

-El recorrido dramático del personaje impresiona. Cuando la gente habla de Barrio Cuba, muchas veces lo utiliza para enfocar la película. Allí ocurrió una conjunción muy interesante de tu actuación, por supuesto, con las posibilidades que te ofreció el personaje en sí, que fue bien concebido. Pero tú has interpretado muchos otros, una gama amplia de personajes en televisión, en cine y, por supuesto, en el teatro. ¿A cuál de ellos, o cuáles, recuerdas con especial agrado? Una parte considerable del público siempre te relaciona con la Tojosa de la telenovela Sol de batey.

-Bueno, ese lo tengo que mencionar. Me guste hoy o no me guste, o tenga mis reservas hacia él, porque ha habido un crecimiento a través del tiempo y a través de los años. Yo, por ejemplo, soy una actríz que renuncio cada vez a lo último que hice. Eso sí lo tengo muy fuertemente dentro de mí. Tengo una capacidad de renuncia tremenda. El último trabajo para mi cierra una etapa, y estoy ya para iniciar el otro partiendo casi de cero. Cada vez que miro atrás renuncio a todo lo que he hecho, aunque eso no quiere decir que lo rechace, ni que esté desencantada de lo que he realizado, ni que encuentre mal lo que haya hecho. Pero sí hay una actitud de que el que viene no puede ser como aquel, ni puedo valerme de los mismos caminos que utilicé en aquel.

O sea, hay una intención de renuncia hacia lo último que hago porque, mira, eso es lo que nos da el crecimiento, eso es lo que hace que no te estanques, que estés siempre ávida de mejorar, de crecer, de cambiar, de nuevas propuestas y de oxigenarte. Cuando te crees que ya llegaste, que ya cumpliste, que ya lo diste todo, que ya te consagraste, ahí empiezas a quedarte detrás. Ahí precisamente, es increíble, empieza como un retroceso. Y es lo que tú percibes cuando notas que hay artistas que se han quedado parados en el tiempo.

Y, entonces, la Tojosa fue una etapa de mi vida, siendo muy joven e inmadura. Sin embargo le debo a ese personaje. Yo no puedo desagradecer todo lo que ese personaje me dio, recibí, y todavía me está dando. Porque, ¿cuántos años han pasado?, ¿veinte años?, y yo sigo siendo la Tojosa en Cuba. Y ya lo ha heredado mi hija.

-¿Ah, sí?
-Sí, sí, sí. Mi hija es la Tojosita.

-Se siente mucho cariño en esa extensión.

-Entonces, ese ya es un personaje que se fue de las manos, que se fue del ámbito estrecho de una pantalla. Ese personaje ya trascendió y pasó a la espiritualidad de las personas, al corazón y la mente de las personas. Y se convirtió en un recuerdo que anda y andará con uno. Mira, eso es asombroso, eso es grande. Y yo se lo agradezco a la Tojosa, y se lo agradezco a este pueblo que me ha dado tanto. Francamente, yo no tengo más nada que el cariño y la admiración de este pueblo, y eso lo respeto mucho. Entonces, tengo que hablar así de ese personaje.

Tengo otros. Tengo la Mariela de El naranjo del patio, para mí es inolvidable. Yo adoro ese personaje. Tengo magnífica sensación y sabor de Lala Contreras, de Santa Camila, así.

-¿Quizás hubo alguno que te halla sido especialmente difícil construirlo, llegar a él?

-Yo hice un personaje controvertido en El año que viene, una telenovela que hizo Héctor Quintero. Fue el personaje Estela Perdomo, una mujer que se convierte en alcohólica. La madre la expulsó de la casa, su madre era prostituta, una niña que se vinculó a la prostitución. Y aquel personaje me hizo sufrir mucho, aunque creo que fue un personaje que le faltó más trabajo por parte mía, y como que le faltó más madurez. Aún así, fue muy duro hacerlo.

Recuerdo el personaje de esa madre en La botija. Aquel personaje nada más apareció en tres capítulos pero fue muy fuerte, muy fuerte. Con ese personaje de La botija obtuve un premio de actuación por la UNEAC. El personaje fue muy desgarrador, me lastró.
La actriz, en la sala de su casa, junto a los premios obtenidos en el último año: el del Festival de Fortaleza, el Coral, y el India Catalina.
La actriz, en la sala de su casa, junto a
los premios obtenidos en el último año:
el del Festival de Fortaleza, el Coral, y el India Catalina.

Otro personaje que acabó conmigo fue la Belkis de La cara oculta de la luna. Lógicamente, yo tuve simple y llanamente que sentir lo que sentía Belkis. Son vivencias que uno no tuvo. Son emociones por las que no se pasa normalmente o comúnmente. Y las tiene uno como que muy ajenas, y las ve como vivencias de otras personas, vivencias que uno las ha visto en otra gente: en películas, en libros. Pero a uno mismo no suelen pasarle ciertas cosas.

-Si todo le fuera a pasar a uno, imagínate tú.

-Claro. Y ahí es donde se hace más difícil la cosa. Tienes que de verdad apropiarte de esa historia, pero de una manera feroz. Y así fue como yo hice a Belkis: ferozmente. Pero guardando no pasarme porque pueden ser muchas las reacciones. Hay a quien le da por no hacer nada, hay a quien le da por guardar un silencio sepulcral, o asumir eso, o no. Hay muchas reacciones para un mismo acontecimiento. Y yo tenía que escoger cuál era la apropiada para Belkis en ese momento, de acuerdo a la personalidad, al carácter, a la cultura, la educación de Belkis, y los prejuicios de Belkis. Entonces, uno tiene que seleccionar entre las reacciones posibles, también partiendo de la que escribió el autor. Pero además, hay muchas formas de reaccionar, aún cuando la obra está bien escrita y bien contada por el autor. Ese personaje me hizo sacar un extra. En casi todos los personajes fuertes, dramáticamente intensos, tú tienes que sacar un extra. Igual que en Barrio Cuba. O sea, son personajes que me han hecho marcas, que han dejado una huella sensible dentro de mí.

-En ese compromiso que tienes con tu trabajo, ¿sientes que los personajes te han dejado algo o te han aportado humanamente?

-Los personajes dejan huellas en todos los actores, grandes huellas. Incluso yo pienso que es difícil que una actriz pueda decir que no está marcada por alguno de los personajes que ha hecho. Y en su vida diaria, en todo su andar por la vida, en su movimiento, salen las reminiscencias de esos personajes. Tiene que ser que pase el tiempo, que pasen los años y vayan quedando atrás las antiguas marcas. Pero después vienen otras que se te van agregando. Porque date cuenta que el instrumento de trabajo es uno mismo. Es tu cuerpo, eres tú misma. Son tus recursos interiores y eso va quedando dentro de ti.

-Tus inclinaciones artísticas, inevitablemente, hay que relacionarlas con las de tu hermano Néstor. ¿Tienen una procedencia familiar? Es decir, ¿hay alguna relación con tus padres y las relaciones en el hogar?

-No. En la cuna familiar no hubo artistas, aunque sí lejanamente. Pero en el núcleo de mi familia no hubo artistas. Mi padre era médico y mi madre la señora del médico. Pero a nosotros nos viene, no sé, por el árbol genealógico que sí hay artistas en otras generaciones y en otras familias más lejanas. Incluso, nosotros somos trinitarios, y un día Helio Orovio, ese musicólogo cubano, nos dijo que nosotros éramos descendientes de Lico Jiménez que fue un músico muy importante del siglo pasado. También tenemos, bueno, un parentesco con Luis Alberto García, tú sabes, con la familia ésta que viene por la raíz de mi mamá. Pero ya te digo, en el centro de nuestra familia no hubo artistas directos.

Lo que sí hubo un ambiente que propició esa atracción hacia la belleza, hacia el arte. Mi hermana escribía, dibujaba, en mi casa había una cantidad de revistas antiguas, de revistas viejas, donde había páginas enteras dedicadas a artistas famosos, se oía buena música. Siempre, de alguna manera, estuvimos vinculados en el gusto por las cosas, por el arte, en esa sensibilidad, y rodeados de naturaleza, y quizás ese ambiente fue la cuna donde estos ingredientes fueron creciendo. Y de niña me vinculé al arte, desde los ocho años. Mis padres me alentaban. No fueron una limitante. Y yo pienso que echando un poquito por aquí y otro poquito por allá, crecieron todos los ingredientes propicios para que fuéramos artistas.

-¿Le habrás pasado la herencia a tu hija?

-Bueno, claro, mi hija es bailarina. Como no, mi hija desde niña empezó también. Empezó en la gimnasia, después fue para la danza. Después entró en la Escuela Nacional de Arte y está hoy en día en el Ballet de la Televisión. Además, trabajó conmigo, a los ocho años, en aquella telenovela que fue un éxito aquí, Tierra brava, donde hacía Lalita Contreras, la niñez de Lala Contreras. Ese fue su debut. Y hoy ha seguido por los caminos de la danza que es lo que más le gusta.

-¿Y cómo te va, Luisa, en esa relación de mujer y actríz, que puede ser tan complicada como la de profesional y madre? ¿Cómo se une todo eso en tí?
...Y la relación con mi hija también ha sido así. Ella y yo somos grandes amigas.
-Mira, mi vida toda está contaminada de la influencia artística. Mi mundo, como tú ves, es un mundo donde trato que mi espacio sea el cascarón, sea mi pequeña cueva, donde de verdad pueda sentirme bien. Me gusta estar rodeada de belleza, de armonía, de paz. Y todo lo que hago, lo trato de hacer con belleza: cocinar, cualquier tarea de la casa. A mí me gusta mucho el equilibrio de todas las cosas, que todo fluya con armonía, con elegancia, nutrirme de lo que me rodea, y poderlas contemplar incluso, y comunicarme con cada cosa, con los colores de mi casa. Eso forma parte de mi espiritualidad.

Y la relación con mi hija también ha sido así. Ella y yo somos grandes amigas. Es mi compañera. Ella es la energía que yo necesito para trabajar. Ella es mi luz. Ella es la luz de mi vida. Entonces ser mujer, ser madre, ser artista, creo que ha sido en mí una combinación especial. Yo creo que esas tres cosas en mí han formado el tronco de un árbol al que le han crecido ramas donde todo tiene que ver con todo. No hay nada anacrónico dentro de esas tres partes.

Yo pienso que es algo importante para ser una buena artista. La base que tú creas, el tronco de todo, los cimientos que tú creas en la vida, son los que después van a propiciar que la construcción, que ese edificio, que eso que edifiques de verdad sea sólido. Y yo he procurado cada día buscar lo mejor dentro de mí, llenarme de cosas que me dignifiquen. Y que, al mismo tiempo, la gente pueda verme como alguien que para ellos es útil, alguien que trabaja para ellos en su mente, en su corazón de una manera fructífera. Si no, de que nos vale, entonces, ser artistas. No es solamente pararse en una pantalla y cumplir con algo que te entregan.

Eso tiene que estar lleno de un mensaje y de una educación, y de una observación profunda de la vida. Eso se construye desde la base, desde la familia, desde la cuna. Ser mujer es importante, pero qué tipo de mujer soy. Porque eso influye en qué tipo de artista eres y en qué tipo de madre eres. Entonces, esas tres cosas en mí han andado como que muy enlazadas, quizás han creado la personalidad que hoy tengo y la visión que hoy tengo de las cosas.

- Dentro del mismo aspecto, la posición de la mujer, me interesa saber tu criterio, tus observaciones, sobre un tema un poco delicado para alguna gente, que es el problema de la dignidad de la actríz. El asunto no está claro para todas las personas, en particular para los hombres. Algunos no han logrado comprenderlo. Y es evidente que para tí es una divisa muy importante. ¿Por qué no me hablas un poco desde tu perspectiva, para iluminar a las personas sobre este asunto?

-El tema es muy importante, y además es difícil de explicar, pues tiene mucho que ver con el estilo de vida. La dignidad de las personas está vinculada con su pensamiento, con su moral, con su educación, con su formación y con la cultura en general. Por lo tanto, todo eso forma como un estilo de vida, que es lo que tú transmites y es lo que la gente recibe de tí, de ahí que tú te conviertas en una persona más digna o menos digna según las características que te acompañen.

Yo pienso que si hay algo muy importante en relación con la dignidad, es el respeto. La gente te tiene que mirar y ver en tí valores que hagan que te respeten. Tú debes sentir que transmites respeto y que recibes respeto. Pero para lograr esto creo que es fundamental respetarse a uno mismo.Si el respeto no empieza por ti no lo puedes recibir de nadie. Si tú no respetas la vida de la

Luisa afirma que todo, hasta cocinar, le gusta hacerlo con belleza.
gente, si tú no respetas tus cosas, si no te respetas a ti misma, si no andas por la vida con altura, con elegancia, con sentido común, no puedes recoger otros frutos que no sean vulgaridad, grosería, irrespetuosidad. Es difícil. La conducta de las personas es determinante. Cómo hablas, cómo te comportas en todos los lugares, cómo enfrentas los acontecimientos diferentes de tu vida, son los aspectos que te van creando toda una aureola y toda una etiqueta. Y todas las personas tenemos como una etiqueta.

Aunque uno no es perfecto, los errores van marcando cosas. Y quizás no solamente los errores, sino conductas de momento, arbitrarias, conductas que parten de otros códigos que van creando toda una cantidad de etiquetas que al final se convierten en la aureola que te acompaña. Pero hasta esos son matices interesantes. Se relaciona con eso que dicen por ahí, que el sol es perfecto y tiene manchas. Pero, bueno, es el sol, quizás. Tú tienes también que tener idilio, tú tienes que, sin quemar a las personas, tener tu luz propia, una luz que alcance a la gente, y una luz que ilumine también un poco a las personas. Y ese es el orgullo que cada cual puede tener de su andar por la vida.

O sea, todas estas cosas de la dignidad, del respeto, de tener una autoestima alta, de dar, de sentir que tienes una educación que tú misma te construiste, que tú misma te la buscaste, que tú misma te has encargado de pulir a través de la vida, para ser mejor, para tener una mejor imagen, para poder dar más de ti, para saber qué le insuflo a este personaje, que pongo de allí o que pongo de aquí, todas esas cosas van creando una ética, una ética que es importante para un artista. Porque, como quiera que sea, el artista muestra un ideal, algo que las personas quieren imitar. Se convierte en bandera para mucha gente, en ídolo. Los artistas llegan a ser ídolos, y no por gusto. Han contribuido a la cultura, al desarrollo de la humanidad en muchos aspectos e integran el alimento espiritual de la sociedad. Así que fíjate que todo corresponde a un estilo, a un concepto que tú tengas de la vida.

Luisa María Jiménez Rodríguez es una mujer con los pies en la tierra que no esconde a la persona de honda sensibilidad. Desde la excelencia de su trayectoria artística ha encontrado cierta dimensión de la felicidad que, al aceptar lo breve de cada instante, la cambiable naturaleza, amplía su registro como actríz e impulsa una orgánica evolución profesional hacia la enseñanza actoral y la dirección escénica. Alrededor de esta última especialidad, prepara un segundo espectáculo teatral después de la buena acogida del primero, fascinada ante el acto de la creación mientras deja nacer uno de sus más pujantes sueños.