Jorge Enrique
Mendoza
Reboredo

Jorge Enrique Mendoza Reboredo
Nacimiento:  
2
/
11
/
1930
Fallecimiento:  
25
/
2
/
1994

Maestro, soldado, periodista, historiador y propagandista incansable de la Revolución.

Nace en Camagüey. Graduado de Derecho y Periodismo, Doctor en Pedagogía. Fue responsable de las escuelas creadas en el Primer Frente del Ejército Rebelde.

Su vocación pedagógica hace que se habilite como Maestro de Instrucción Pública laborando como maestro de Historia y Geografía primero, después como profesor de esas mismas disciplinas del Bachillerato.

Luchó por la creación de la Universidad en Camagüey. Brindó importantes aportes a la Metodología de la Enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales tanto en la etapa prerrevolucionaria como después.

Inculcó el espíritu investigativo en sus alumnos, abogó porque en la enseñanza de la historia se partiera de la historia local. En este ilustre educador siempre se apreció la unidad de la palabra y la acción, de lo cognitivo y lo afectivo por lo que constituyó un paradigma para todos los que recibieron su influencia.

A partir del triunfo de la Revolución asumió innumerables responsabilidades entre las que se encuentran:

Director Nacional de Becas del Ministerio de Educación
Profesor Adjunto de Historia de la Prensa Cubana de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana
Director del periódico Granma
Profesor de Historia de Cuba en la escuela municipal del PCC como unidad docente de Instituto de Historia de Cuba.

Fallece en Camagüey, el 25 de febrero de 1994.

Condecoraciones

Recibió numerosos diplomas, sellos y distinciones otorgadas por diferentes instituciones y organismos nacionales y extranjeros dentro de los que se destacan:

Medalla Conmemorativa ¨ XX Aniversario de FAR¨.
Medalla Conmemorativa ¨30 Aniversario de FAR¨.
Distinción "Félix Elmuza".
Distinción "Raúl Gómez García".
Réplica del machete del Generalísimo Máximo Gómez.
Reconocimiento "Ismaelillo" de la UJC Nacional.
Reconocimiento al Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara.

Su palabra fue siempre expresión genuina de la cubanía y su vocación pedagógica hundía las raíces en la tradición patriótica del magisterio cubano.

Con esas cualidades, que nunca le abandonaron, llegó Jorge Enrique Mendoza desde temprana edad al campo de la Revolución en su natal Camagüey y a ella se incorporó decididamente, aportándole toda su energía y entrega.

Junto a Cándido González, Raúl García Peláez, Jesús Suárez Gayol y otros exponentes de la juventud camagüeyana de entonces, se incorporó a la organización del Movimiento 26 de Julio y desde allí mostró su capacidad y vocación para la agitación política y la difusión de las ideas revolucionarias en las difíciles condiciones de la clandestinidad, desde los días previos al 30 de noviembre y al Desembarco del Granma, llegando a ser eslabón esencial en los distintos aspectos de la lucha en tierra agramontina.

Desde mediados de 1958, cuando subió a la Sierra Maestra para incorporarse al Ejército Rebelde, alcanzando el grado de Capitán, su voz comenzó a ser conocida e identificada por el pueblo cubano mediante las transmisiones de Radio Rebelde hasta el mismo día Primero de Enero, cuando sus palabras precedieron a la histórica y trascendental alocución de Fidel desde Palma Soriano.

Tras el triunfo revolucionario, su vida fue un constante devenir en medio de las diversas tareas que sucesivamente le fueron encomendadas y desempeñó con su habitual entusiasmo, sabiduría y sentido del deber. Fue en estos menesteres —como jefe provincial de la Reforma Agraria—, cuando su lealtad revolucionaria e integridad a toda prueba brillaron con fuerza: Mendoza y el grupo de compañeros que a él se unieron, denunciaron la traición que se incubaba en aquellos momentos y los propósitos contrarrevolucionarios del cabecilla conspirador que pretendía confundir al pueblo.

La voz de Mendoza resonó por las ondas radiales como nunca antes en esa memorable ocasión y las masas camagüeyanas salieron a las calles, esperaron a Fidel y a Camilo, y encabezados por ellos pusieron fin a la conjura y levantaron allí, más alto y más firme, la bandera de la Revolución.

Importantes siguieron siendo las responsabilidades que recibió sucesivamente, como segundo jefe de la Dirección Política de las FAR, director del Plan Nacional de Becas, director del periódico Granma —durante veinte años—, y presidente del Instituto de Historia de Cuba. Fue miembro del Comité Central del Partido y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Hombre de vasta cultura, maestro, soldado, periodista y propagandista incansable de la Revolución y del Partido. Martiano devoto, fidelista decidido y ferviente, cultor y guardián de la unidad y firme e inclaudicable ante los enemigos de la Patria.