Carlos
Enríquez
Gómez

Carlos Enríquez Gómez
Nacimiento:  
3
/
8
/
1900
Fallecimiento:  
2
/
5
/
1957

Considerado como uno de los mejores artista de la plástica cubana de la primera mitad del pasado siglo, Carlos Enríquez fue sin dudas un rebelde del pincel.

Nacido en la localidad de Zulueta, en la antigua provincia de Las Villas, se destacó como nadie de su tiempo en llevar al lienzo la belleza del cuerpo femenino, razón por la que fue criticado y reprimido por una burguesía conspicua e hipócrita.

Cursó la primaria en su ciudad natal y en La Habana. Se graduó de bachiller en 1920. Enviado por su familia a los Estados Unidos, estudió comercio en la Pearce School de Trenton. Pintor de grandes cualidades naturales, Carlos Enríquez recibió un solo entrenamiento académico, en un breve curso en la Pensnsylvania Academy, regresando a Cuba en 1925 acompañado por Alice Neel, con quien se casó.

Dos años después de su retornó, dos de sus desnudos femeninos fueron retirados de la Exposición de Arte Nuevo bajo la acusación de “ un realismo exagerado ”, represión que se repite poco después y que lo empuja a salir de nuevo hacia el extranjero.

Carlos Enríquez está considerado unos de los artistas de la plástica cubana más importantes de la primera mitad del siglo XX, célebre por su rebeldía ante el academicismo que lo llevó a formar parte de un grupo de pintores jóvenes iconoclastas – en 1925- que crearon un nuevo estilo dentro del movimiento artístico cubano.

La sensualidad del cuerpo femenino, la imagen de héroes y bandidos, el recuerdo de los patriotas, la transparencia, el viento que corre por los montes de su natal Zulueta los atrapa con el pincel y la paleta de colores de una forma genuina.

Estudió Comercio y trabajó como contador en la Lonja del Comercio en La Habana (1925), aunque tomó un curso de verano de dibujo en Pennsylvania, Estados Unidos en 1924. Ya en 1927, luego de participar en el II Salón de Bellas Artes, en la Exposición de Arte Nuevo y de colaborar con publicaciones, marcha a Estados Unidos para dedicarse por completo a la pintura.

1930 marca su regreso a La Habana, a la galería del Lyceum (1934) con una exposición tan controvertida y escandalosa para la época por su contenido político y el tratamiento del desnudo por su “realismo exagerado” –etapa conocida como española con matices oníricos-, que fue suspendida; Carlos Enríquez parte hacia Europa: Francia, Italia, España y Gran Bretaña para entrar en contacto con los vanguardistas y adentrarse en los conceptos y valores del Surrealismo y sus predecesores.

Este encuentro europeo “le despojó de toda su potencialidad de escándalo” según Alejo Carpentier y definió su estilo; para los críticos la etapa en que pintó sus mejores cuadros, entre ellos: Primavera bacteriológica, Crimen en el aire con Guardia Civil y su Virgen del Cobre –en esta obra aborda el mestizaje, el sincretismo religioso entre la religión de los negros yorubás y el cristianismo-.

En 1935 gana en el Salón Nacional de Pintura y Escultura con su óleo Manuel García que marca su etapa denominada “Romancero guajiro” por su predilección por los temas del campo, los hombres de campo llamados guajiros: su obra El Rey de los Campos de Cuba, es premiada en la Exposición Nacional de Pintores y Escultores de 1935.

Publica artículos en revistas y periódicos. Pinta en 1938 una de sus obras más conocidas: El rapto de las mulatas, inspirado en El rapto de las sabinas y con ella gana II Exposición Nacional de Pintores y Escultores en La Habana.

Son también de esta época: Las bañistas de la laguna, Campesinos felices, Dos Ríos y Combate, imágenes que lo ubican a la vanguardia del modernismo cubano. Parte de estas obras fueron concebidas en su enigmático estudio en la periferia de la capital cubana: Hurón Azul.

Entre 1939 y 1946 expone en Estados Unidos, México, Haití, Guatemala, Argentina y Cuba con gran intensidad; dicta conferencias, escribe artículos, diseña escenografías: ballet Antes del alba; ilustra libros: Son entero de Nicolás Guillén; es premiado nuevamente en la tercera Exposición Nacional en 1946. Escribió novelas: Tilín García, La Vuelta de Chencho y La Feria de Guaicanama.

Murió el día que debió inaugurar una exposición suya en la Editorial Lex, la cual fue inaugurada un mes después como homenaje póstumo.


Noticias relacionadas