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Antes de los Panamericanos de Lima, recordemos a Rafael Fortún y Ana Fidelia Quirot

La historia del atletismo en los Juegos Panamericanos está repleta de capítulos de gloria protagonizados por deportistas cubanos. Múltiples son los hombres y mujeres que sobresalieron desde la primera edición en Buenos Aires-1951.

A pocos días de la inauguración de la edición de Lima, que transcurrirá del 26 de este mes al 11 de agosto, y donde en el atletismo participarán unos 45 deportistas de nuestro país, quisiéramos recordar algunos hechos y sus protagonistas, que han marcado el paso de los cubanos por estas lides.

Argentina disfrutó de la velocidad de un moreno camagüeyano, quien emergió como dueño absoluto de la velocidad: Rafael Fortún, o el Relámpago del Caribe. Dominó los 100 y 200 metros planos a golpe de coraje y destrozando los pronósticos: 10.6 segundos en la prueba reina y 21.3 en el doble hectómetro.

Es justo señalar también la primera cubana que se tituló a nivel panamericano, la especialista en vallas cortas –en esa época eran 80 metros y no 100 como en la actualidad– Bertha Díaz, quien detuvo los relojes en 11.2 segundos durante la justa de 1959, en Chicago, cuando cuatro años antes había sido medallista de plata, en Ciudad de México. En la misma justa azteca, Bertha triunfó en los 60 metros lisos, con 7.5 segundos, prueba que solo se efectuó en 1955 y 1959.

LA TORMENTA DEL CARIBE
Cuba ha contado con estrellas universales de éxito en el ámbito regional. La más connotada es sin duda Ana Fidelia Quirot, ganadora de ocho medallas: cuatro títulos, tres segundos lugares y una presea de bronce.

La Tormenta del Caribe alcanzó el doblete en los 400 y 800 en Indianápolis-1987 y La Habana-1991. En la capital cubana vivió dos instantes gloriosos tras estampar sendos récords para los Juegos: 49.61 segundos en la vuelta al óvalo y 1:58.71 en su prueba predilecta, los 800 metros. Casi tres décadas después, estas hazañas todavía son inalcanzables.

Liliana Allen también subió al podio en ocho ocasiones en estas justas (tres de oro, cuatro de plata y una de bronce) e hizo historia en La Habana-1991 al dominar las pruebas reinas de la velocidad: los 100 en tan solo 11.39 segundos y en los 200 cruzó la línea de meta en 23.11.

Si hablamos de mujeres doble medallistas en una misma cita, la mediofondista Adriana Muñoz se alzó con primeros escaños en los 800 y los 1 500 metros, con 2:02.96 y 4:09.57 minutos, respectivamente, durante la reunión de Santo Domingo-2003, algo igualmente inédito, hazaña que repitió en Guadalajara-2011.

Otra velocista extraordinaria fue la tres veces finalista olímpica Aliuska López, quien cruzó primera la línea de meta desde La Habana-1991 hasta Winnipeg-1999 en la siempre veleidosa prueba de los 100 metros con vallas.

NUNCA ANTES UNA CUBANA…
En cuanto a la especialidad de fondo, no se olvida aquel título de Mariela González en la maratón de Río de Janeiro-2007, con crono de 2:43:11 horas, cuando pareció que las fuerzas no le alcanzaban ante unos últimos kilómetros de la carrera. Nunca antes una cubana había dominado los 42.195 kilómetros.

Y si de poder y exquisita técnica se trata, María Elena Sarría fue una auténtica fiera en la impulsión de la bala, con sus tres preseas de oro seguidas y una cuarta de plata en eventos sucesivos desde México-1975 hasta Indianápolis-1987. O la mismísima Carmen Romero, dueña y señora del disco en las versiones de Cali-1971, México-1975 y San Juan-1979.

Asimismo, la «Furia de Agramonte» hizo de los círculos de lanzamientos su hábitat natural. Yipsi Moreno, como martillista resultó indetenible entre Santo Domingo-2003 y Guadalajara-2011.

Si las mujeres brillaron y demostraron su enorme poderío, los hombres las emularon en incontables ocasiones. Durante su paso por estas justas, el velocista Leandro Peñalver sumó seis premios –dos de oro y cuatro de plata–; mientras que el mítico Silvio Leonard alcanzó cinco podios gracias a sus tres títulos y dos medallas de plata, destacando el doblón de San Juan-1979, en 100 y 200.

EL PRÍNCIPE DE LAS ALTURAS
Actual recordista mundial al aire libre y bajo techo, el saltador de altura Javier Sotomayor coronó sus «vuelos» en Indianápolis-1987 (2,32), La Habana-1991 (2,35) y Mar del Plata-1995, y en este último escenario implantó marca panamericana de 2,40 metros.

Otro fuera de serie fue Iván Pedroso, líder en Mar del Plata-1995, donde se estiró hasta los 8,50 metros, Winnipeg-1999 (8,52) y Santo Domingo-2003 (8,23).

De igual manera, el triplista Yoelbis Quesada superó a todos sus contrincantes en La Habana-1991, al registrar 17,06 metros, en Mar del Plata-1995, donde clavó los pinchos en 17,67 y en Winnipeg-1999, con marca de 17,19.

El jabalinista Emeterio González triunfó en Mar del Plata-1995, donde le midieron 79,28 metros, Winnipeg-1999, con sus 77,46, y Santo Domingo-2003, cuando el implemento voló hasta los 81,72.

Un par de detalles curiosos tienen como protagonistas a figuras sobresalientes del campo y pista cubano: el discóbolo Luis Mariano Delís y el bicampeón olímpico Alberto Juantorena.

En Caracas-1983, Delís ganó las pruebas del disco y la bala, hecho inédito en estas fiestas regionales. Juantorena, en tanto, no pudo proclamarse campeón panamericano a pesar de lograr cinco medallas, cuatro de plata y una de bronce, combinando sus incursiones entre los 400 metros, 800 y los relevos 4x400.

El atletismo cubano suma en estas lides continentales 132 coronas, 119 preseas de plata y 105 de bronce para un total de 356, solo superado por Estados Unidos (292-244-171-707).

La Mayor de las Antillas dominó este deporte en las citas de La Habana-1991, Mar del Plata-1995 y Guadalajara-2011, cuando sumó 18 títulos, siendo estas sus mejores actuaciones. Además, Cuba lideró en Río-2007, con 12 metales dorados.

Fuente: Historia de los Juegos Panamericanos, de Enrique Montesinos Delvaty

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Ana Fidelia Quirot Moret


Atleta cubana especializada en las carreras de campo y pista de 400 y 800 metros planos. Fue medallista de bronce olímpica, titular mundial y panamericana, y doble campeona en Copas del Mundo. Nació en Palma Soriano, Santiago de Cuba. A los dieciséis años se descubrió su talento, aunque desde muy temprano había tenido que poner a prueba una férrea voluntad, al ser rechazada por algunos entrenadores y técnicos que no veían en ella aptitudes para el atletismo. A los veinte años ingresó en la principal selección cubana de campo y pista.